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La conmovedora historia de trabajo y sacrificio de los hermanos panaderos

Cuando Miguel Leal tenía 8 años y su inseparable hermano Walter 9, ayudaban a repartir diarios en Metán a su padre, el uruguayo Walter Leal, quien era canillita y vendía garrapiñadas para mantener a su familia. El hombre, desde pequeños, les inculcó y les transmitió a sus hijos valores y la importancia de trabajar duro para progresar en la vida.
La historia de los hermanos panaderos Walter, Miguel, Víctor y Paula Leal es conmovedora, pero a la vez un ejemplo de cómo con esfuerzo y perseverancia se puede lograr el progreso de una pyme familiar, que siguió creciendo e incorporando mayor tecnología a pesar de la pandemia por la Covid-19.

“Leal Hermanos” ya es una marca registrada en el sur y sudeste de Salta.
Son oriundos de la antigua Villa Obrera, hoy barrio San Martín de Metán, e hijos de la salteña Alicia del Valle Gómez, ya fallecida.
“Nosotros venimos de una familia muy humilde. Con mi hermano ayudábamos desde muy pequeños a mi padre a repartir diarios por la ciudad. Él nos dejó un legado y una enseñanza que nos sirvió mucho en la vida, que es que para progresar hay que trabajar con mucho esfuerzo y eso es lo que hicimos”, dijo Miguel Leal a El Tribuno. Hace 16 años, en el año 2006, los hermanos Leal abrieron la primera panadería en la calle Neuquén casi en la intersección con la calle Pueyrredón. “No fue para nada fácil. Arrancamos con pocos recursos y endeudados. Pero comenzamos a hacer con nuestras propias manos pan francés, bizcochos, facturas y algunas tortas. Teníamos un gran amigo maestro panadero, Miguel García, quien ya falleció, pero recordamos con mucho cariño porque él nos enseñó el oficio”, destacó.
“Recuerdo que teníamos un horno rotativo porque empezamos con máquinas usadas que compramos en Buenos Aires. Nosotros nos habíamos ido a vivir algunos años a la capital federal, donde con mi hermano Walter trabajamos en pizzerías y lavaderos de autos y regresamos a Metán a principios del año 2000”, recordó Miguel Leal.


La sucursal propia y principal

Con mucho esfuerzo, en la antigua casa de sus abuelos, los hermanos Leal construyeron la reconocida sucursal ubicada en la esquina de las calles Leandro N. Alem y Roque Sáenz Peña, en el barrio San Martín de Metán, que fue inaugurada en el año 2010. 
“Fue una gran alegría y una satisfacción para nosotros porque antes alquilábamos. Recuerdo que abrimos ahí un 9 de Julio, compramos máquinas nuevas, hornos más grandes y arrancamos con una mayor variedad en pastelería”, destacó el comerciante.
En el año 2014 abrieron una sucursal en barrio El Crestón y en el 2017 una confitería en el centro de la ciudad, donde venden y sirven sus productos.
En esa confitería trabaja Gastón “Chirola” García, un reconocido barista que prepara exquisitos cafés y cortados, a los que sirve con formas artísticas en la espuma de la parte superior. Gastón es hijo de don Miguel García, quien les enseñó a hacer pan a los hermanos Leal.
 

La expansión y el impulso de la pyme en pandemia

En el 2018 abrieron otra panadería en la esquina de las calles España y Pueyrredón y en noviembre de 2021, durante la pandemia, otra sucursal en la esquina de las calles Córdoba y Lavalle, en la Villa San José de Metán.
“Tenemos actualmente cinco panaderías abiertas en Metán y una en Joaquín V. González, en Anta, que logramos abrir en el año 2019. Esta es una pequeña empresa familiar en la que trabajamos con mis hermanos, nuestros hijos, tíos y otros familiares. Damos trabajo a unas 25 personas de manera directa e indirecta”, dijo Miguel Leal.
Por ejemplo, Paula Leal, es quien atiende la panadería de la calle Leandro Alem, en el barrio San Martín de Metán, donde los vecinos hacen cola a la mañana, al mediodía y a la tarde para adquirir sus productos, como pan francés, bizcochos, facturas, masas y tortas.
“Mantener lo que tenemos y hemos logrado a lo largo de los años con mis hermanos, no es nada fácil en estos días debido al problema económico que hay en el país. Estamos tratando de subsistir y mantener precios porque comprendemos la situación de la gente. Hay mucha inestabilidad y hay que asumir muchos compromisos como alquileres, el costo de la luz, el gas y el pago a nuestros empleados, entre otros”, destacó.
Detalló que están en un rubro que afronta una situación muy delicada por la constante suba de precios de los insumos. “El kilo de pan francés cuesta 300 pesos en todas nuestras panaderías. Para que tengan una idea actualmente una bolsa de harina de 25 kilos sale 2.500 pesos. Los insumos tienen aumentos constantes, por ejemplo una caja de grasa de 20 kilos cuesta alrededor de 11.000 pesos. Nosotros usamos productos de calidad y hay que asumir esos costos para obtenerlos y tener clientes satisfechos”, indicó.

Capacitados y solidarios

Los hermanos Leal además se capacitaron e hicieron cursos de pastelería y chocolatería en Buenos Aires.
“También fuimos incorporando mayor tecnología como el último horno que compramos durante la pandemia, en el año 2020. No trae tableros, todo es digital y tiene menos consumo de gas y de electricidad”, remarcó Miguel.
“Lo de la Covid -19 fue algo muy difícil de afrontar. Por ejemplo tuvimos la confitería cerrada varios meses y le teníamos que seguir pagando a nuestra gente. En las panaderías nos acortaron los horarios y nos llegaron a hacer cerrar a las 17 horas, pero a pesar de todo nunca bajamos los brazos y seguimos adelante. Quedaba mucha mercadería que donábamos a merenderos y a los puestos de control que se instalaron en los accesos de la ciudad”, recordó el comerciante.
Los hermanos Leal siempre colaboran, en silencio, con merenderos, escuelas y gente de escasos recursos. “No hablamos de la ayuda que hacemos. Tampoco nos sacamos fotos ni subimos a las redes sociales.
Sabemos lo que es no tener y vamos a seguir colaborando en lo que podamos, de corazón”, concluyó Miguel Leal.
 

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