El Inenco, un pionero en la ciencia de las energías no convencionales 

Corría el año 1973 y la crisis mundial del petróleo ya era una realidad. La transición hacia otras energías se hacía cada vez más urgente. Un grupo de científicos, en el Departamento de Física de la Universidad Nacional de Salta, comenzó a analizar ese contexto y a buscar salidas desde la investigación. En 1974, un año después del descalabro petrolero en el mundo, el grupo de científicos puso la mirada en las energías renovables en la suposición de que estas sustituirían a las convencionales en el largo plazo, por lo que era necesario emprender un plan de investigación y formación de recursos humanos en este tema. La actividad tomó envergadura siendo apoyada a nivel nacional. El incremento de la actividad, las investigaciones y los resultados hizo necesario plantear la creación de un Instituto en 1980. Para ello formaron el Inenco (Instituto de Investigaciones de Energías No Convencionales). 

Hoy, más de 40 años después de esa fecha histórica, el organismo sigue trabajando con el mismo entusiasmo y resultados de aquella época.

Pero también hoy, como ayer, la matriz energética en el mundo avanza hacia una nueva transición, como la que disparó la creación del Inenco. Hoy los científicos ya tienen todos “los cañones apuntados” para avanzar sobre la energía solar, un enorme recurso disponible en Salta.

En el campo experimental del Inenco y a pleno sol, el trabajo de los científicos es asombroso: Pablo Dellicompagni, investigador del Conicet, trabaja en la terraza de instituto con un prototipo de un concentrador solar cilíndrico parabólico que llega acumular, en un una línea focal, temperaturas de 400 grados centígrados a partir de un nuevo dispositivo tubular que recibe por refracción los rayos solares.

Desde las viejas ollas de convección solar, hasta los paneles fotovoltaicos más modernos, pasando por los secaderos de alimentos, en ese lugar no se desperdicia ni un sola caloría que venga del sol.

Nicolás Dilalla, licenciado en Física de la UBA, trabaja con un calefón solar que provee de agua caliente para toda una familia, con un sistema de generación, distribución y conservación del calor que es totalmente autómata. Sus mediciones arrojaron que para el Valle de Lerma, este equipo acumula 70 grados de temperatura con una mínima pérdida de calor en la noche, que permite al otro día tener suficiente agua caliente en cantidad y calorías.

Pablo Dellicompagni, en la terraza de Inenco, con un prototipo de concentrador solar de alta frecuencia

Dilalla también avanzó con una cocina indirecta que puede estar instalada dentro de un vivienda a través de una olla diabátrica que desarrolla temperaturas de hasta 220 grados centígrados. Los resultados gastronómicos son excepcionales.

Andrés Díaz, licenciado en Energías Renovables, trabaja con un colector de aire para viviendas sociales que se traduce como un aparato que puede calefaccionar los ambientes hogareños con temperaturas de hasta 40 grados.

Si. Todo esto se hace en el Inenco y solo con energía solar. El instituto es una dependencia de la Facultad de Ciencias Exactas de la Unsa que viene funcionando sin pausa hasta la fecha en este tipo de investigación científica y que hoy desarrolló prototipos de alta eficiencia.

Sin temor a equivocación se puede asegurar que el aprovechamiento de la energía solar arranca en el norte argentino desde el Inenco, que es también el departamento de investigación mas antiguo con el que cuenta Universidad Nacional de Salta.

Liderazgo y análisis de factores

Con el Inenco, la Universidad Nacional de Salta se puso a la vanguardia de las investigaciones sobre otro tipo de energías alternativas al petróleo y al gas.

Sus investigadores son conscientes de este liderazgo y entienden que la Unsa siempre está al frente de este tipo de estudios y tienen una respuesta a cada planteo sobre las posibilidades de la energía solar en esta provincia.

Salta y el extremo norte de la Argentina, sobre todo el Noa y la Puna, se ubican en la segunda zona de mejor recurso solar del mundo, ya que su calidad no solo depende de la intensidad con la que se reciben los rayos solares, sino también de la cantidad de horas de sol por día, la claridad de la atmósfera, la cantidad de días nublados y los niveles de contaminación en la atmósfera, entre otros factores clave.

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