María Belén Alemán: “Migrar es reconstruirse, empezar de nuevo con esperanza”

El tiempo necesario para escribir se dio en cuarentena. María Belén Alemán pudo entonces dar voz a las muchas historias que habían llegado a ella, y las cifró en relatos. 
“La vida toda es un viaje: transcurre entre orillas y elecciones. Somos viajeros incesantes, libélulas transmutando, buscando aguas serenas, un aire más tibio, una tierra oportuna donde mecer los sueños”, escribe en el prólogo de “El mar de las libélulas”, libro de cuentos que ahora emprende su propio viaje. 
La poeta y narradora dialogó con El Tribuno acerca de los exilios, los migrantes y cómo la escritura, de alguna forma, sirve para no olvidar que esas vidas han sido y son en el mundo, y que piden “ser escritas”.

Editaste “El mar de las libélulas”...
Sí, escribí un libro con cuentos, con historias de inmigrantes y de refugiados, historias que me conmovieron y me conmueven, tanto que estaban pidiendo ser escritas. Algunas de las historias parten de hechos reales, pero se transforman en ficción porque uno va llenando espacios vacíos y son relatos que nos traspasan a todos; creo que la gran mayoría tiene a alguien que vino de muy lejos para constituirse en un nuevo lugar como una nueva persona, porque migrar es reconstruirse otra vez. Tengo bisabuelos inmigrantes y tengo un hijo que es migrante, que ahora está viviendo en otro lugar, buscando oportunidades que él creía vedadas en su país... Así que son historias que nos tocan, nos conmueven, nos interpelan, nos emocionan mucho...

¿Cómo llegaron los relatos? 
Una historia es personal, como te decía, de mis bisabuelos y muchas son historias que uno escucha por ahí, que van quedando y una -como escritora- las va a guardando en algún lugar de la memoria y, en algún momento, afloran. Son historias escuchadas y también leídas en diarios y revistas, sobre todo las de migrantes actuales, que se lanzan al mar en esas patonas precarias y que no saben si van a llegar a destino, y todo lo que implica porque hay todo un manejo y un comercio por detrás de estos refugiados, que van a buscar nuevos lugares... Las historias, entonces, te diría, parten de hechos reales, pero no todo es real. Hay historias de inmigrantes de fines del siglo XIX, principio del XX que llegan a Argentina, que vienen de Italia, que vienen de España; otros que llegan a Chile, griegos... Y también en la segunda parte, que es sobre los refugiados, está la historia de un venezolano que llega a Salta, una historia que... hay que leerla... (risas). Que me gustó mucho escribir, porque tiene una historia de vida tremenda y está contada sin ningún rencor; migrar es como un empezar de nuevo con esperanza.

 

Con los lectores

El primer encuentro con los lectores será en Librería Doce Letras, Caseros 870, hoy, a las 19.30. “Queremos generar un espacio cálido, para que se establezca un diálogo abierto. Contar de qué van estos cuentos y va a ser librerías, cafés”, dice María Belén Alemán.

 

¿Por qué un libro sobre migrantes y refugiados?
Yo viví mi propio exilio a los 13 años, cuando mis padres decidieron mudarse de la Capital Federal a Salta. A esa edad y en tiempos sin internet, trasladarse a una provincia lejana, en plena adolescencia, fue muy significativo. Desarraigo y aventura. Dejar atrás amigos, parientes, una forma de vida, una identidad en tu lugar de origen para empezar a ser otra en un espacio diferente, con costumbres también distintas... Por supuesto, no se compara con la epopeya de mis bisabuelos y de los tantos inmigrantes que llegaron a la Argentina, pero creo que escribir estas historias tuvo algo de sanador también y de remirarnos. Irse es siempre dejar algo para conquistar un nuevo ser en la piel de siempre, pero con otra mirada, con congoja y también con la excitación propia de empezar una nueva vida. Es reconstruirse. Algo de eso hay en las historias... Les debía un homenaje a mis bisabuelos y a todos los que vinieron a este y a otros países en busca de nuevos horizontes y se rehicieron en el lugar que eligieron o al que pudieron llegar. Son historias de elecciones, de esperanza, de dolor, de refundaciones personales, de coraje...

Dijiste en algún momento tengo que contar estas historias, ¿cómo fue el proceso?
En realidad, yo estaba escribiendo una novela sobre una familia de inmigrantes italianos que había llegado a la Argentina y se radicó en Salta y me faltaban datos, completar espacios vacíos para avanzar, y en la pandemia empezaron a surgir los cuentos... Abandoné la novela y empezaron a aflorar los relatos; primero muy cortos, me di cuenta de que los tenía que trabajar y en eso me puse con Maro Vidal, que me ayudó desde Buenos Aires. Vía mail, teléfono y demás, fuimos trabajando los cuentos. En la pandemia tuve la necesidad y el tiempo para decir toda esta tragedia humana, porque no deja de ser un drama tener que abandonar tu país, tu lugar, salir a veces con lo puesto... No poder llevarte ni un recuerdo y empezar una nueva vida, y muchas veces con un idioma y costumbres diferentes y volver a nacer en otro país. El contexto pandémico creo que ayudó a terminar estás historias...

La cuarentena fue un momento de reflexión, de balances y, en el caso de muchos artistas, de producción...
Sí, y también hubo mucho tiempo para lecturas, y esas lecturas te llevan a escribir. Sí yo no leo no escribo. La lectura y la escritura se nutren, van de la mano, no pueden estar separadas...

¿Qué leés?
Leo mucho a autores salteños; es importante leernos entre nosotros... Muy pocos escritores leen a otros escritores de su lugar. Los disfruto, aprendo a conocerlos, a compartir... En este momento estoy leyendo “El sepulturero”, de Nelson Pérez, un escritor nuevo acá, en nuestra provincia. Cada vez que puedo y cae literatura salteña en mis manos, estoy con esas lecturas. Aparte, por supuesto, de toda la literatura... soy una lectora ecléctica. Leo de todo. Mucha ficción, mucha poesía; siempre tengo un libro de poesía al lado y alguna novela o libro de cuentos. También leo bastante ensayo y literatura infantil... Soy cocoordinadora de Lecturarte, un espacio de promoción de la literatura infantil que fundamos con la idea de que si formamos niños lectores, vamos a tener un lector crítico, que se interese por la literatura de adulto. Creo que a veces se menosprecia ese trabajo que hago con la literatura infantojuvenil, y no hay lector más crítico que un niño. Un niño te va a decir “sí, me gusta, o no me gusta nada”. Son muy sinceros, y para mí es un honor poder dedicarme a ellos paralelamente con mi escritura para adultos.

¿Desarrollás tu trabajo con los chicos con la escritura, con talleres?
Con las dos cosas. Tengo tres libros para niños “El estanque mágico y otros cuentos”, que ganó el premio Oscar Montenegro hace unos años, “Un gato tan, taan...”, un libro para primeros lectores, y “Los conjuros de Brunilda”, todos han sido ilustrados por Inés Virgili, muy buena ilustradora, ese trabajo con libros. Y con Lecturarte, con talleres, vamos a bibliotecas populares, a escuelas, centros vecinales... donde nos llamen. Y en esos espacios damos talleres para los niños, animación a la lectura, narraciones orales, cuentos interactivos y también trabajamos con los docentes, formando a formadores, como se dice. Queremos y abogamos por una sociedad más lectora, y una sociedad lectora quiere decir que tenga los ojos más abiertos y sea capaz de mirar más allá y ser más libre también...

"Ser luz para otros y para nosotros"

“El mar de las libélulas” fue editado por BTU, Biblioteca de Textos Universitarios. “Charlando con mi editora Roxana Caramella y Mariana Remaggi, pensamos en hacer varios encuentros con el público lector, para intercambiar ideas, contarles un poco cómo fue la génesis del libro, la cocina de la escritura, por qué el tema de inmigrantes y refugiados”, detalla María Belén Alemán cuál es la propuesta de la cita de hoy. 

“Cuando este libro estaba en imprenta, estaba ocurriendo lo de Ucrania. Bueno, no había tiempo para otra historia más, además hay que dejarlas decantar... pero sí hay un epílogo que le dedico a los migrantes ucranianos”, dice sobre las realidades que atraviesan la actualidad y que en su escritura encuentran palabras para decirse. 

María Belén Alemán es también profesora en Letras y especialista en Gestión Educativa. En poesía publicó “De intentos”, “poemas para leer sin voz/vos”, “Detrás de los silencios”, “Qué profunda es la noche”. En narrativa, la novela “Hasta volvernos a encontrar... Tupananchiskama”. Ha obtenido premios y reconocimientos en la provincia y en el país. 

El título

Las libélulas son seres que viven en tres estadios diferentes. Viven en el agua, en la tierra y en el aire... 

“Inmigrantes y refugiados deben transformarse y adaptarse a los nuevos destinos como las libélulas. Para los japoneses, ellas simbolizan el equilibrio, para los nativos americanos es un espíritu guía, y para muchos es una metáfora de los cambios del ser humano. Esta criatura etérea, casi mágica, demora de tres a seis años en mudar de huevo a ninfa y luego a libélula”, dice María Belén en las palabras previas a los cuentos.

Y reflexiona la escritora: “Ellas nos recuerdan que podemos ser luz para otros y para nosotros mismos. Se abrazan al viento y viajan con sus poderosas alas en busca de agua dulce, de aires más propicios y una tierra donde anidar”.

 

 

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