La pianista Eudosia Salustros ya es ciudadana destacada

Su contribución al arte y al desarrollo cultural es innegable y lo afirman los pobladores de General Mosconi y Campamento Vespucio, y también los padres y alumnos de todo el norte que tuvieron la suerte de aprender de esta docente de alma, que este año cumplirá 83 años y que cada día de su vida se levanta a enseñar música y también a crear.

Para la profesora Eudosia Salustros de Aguirre, componer nuevas melodías, hacerlas nacer de alguno de los 5 pianos que tiene en las diferentes habitaciones de su modesta pero cálida casa, es la vida misma.

Su compromiso ineludible es también con el coro de la capilla de Campamento Vespucio, que la tiene desde hace años como su directora, lógicamente en los últimos tiempos con las restricciones propias de la pandemia, que a Eudosia no le ha quitado el entusiasmo ni las ganas de contribuír desde su rol de profesora de música, con la cultura de su pueblo. Y lo hace con tantas energías que a cualquiera que la escuche tocar en el piano un vals veneciano, un tango, alguna sonata, tararear alguna melodía o recordar incontables anécdotas relacionadas siempre con el arte, le despierta las ganas de aprender porque ella transmite con todo su ser el amor por la música.

Casi al finalizar el 2021, los integrantes del Concejo Deliberante de General Mosconi, localidad donde vive desde su juventud cuando llegó ya recibida de maestra para trabajar en la escuela Sargento Cabral de Campamento Vespucio, le hicieron un muy merecido reconocimiento que le llenó el corazón: la declararon Personalidad Destacada.

El acto fue sencillo, pero para Eudosia, su familia y sus alumnos, tuvo un significado inmenso porque institucionalmente se reconoció su aporte a la cultura del norte. Esta mujer sencilla, cuando hablar de música se transforma en una docente con una personalidad avasalladora que quiere lograr que sus alumnos aprendan aunque sea un poco de lo que tanto sabe pero, sobre todo, que aprendan a sentir lo que una buena melodía puede hacer en sus espíritus.

El amor por la música

Cada tarde, la casa de Eudosia se llena de música, mientras su esposo Amadeo, su compañero de toda la vida, la acompaña desde el patio lleno de plantas aromáticas, frutales y ornamentales que él cuida con tanta devoción y paciencia.

"¿Querés tocar la 7 de abril, o querés que saquemos la Czardas de Monti?", le propone Eudosia a una de sus alumnas; la chica mira poco menos que aterrada esas partituras que parecen imposibles de leer.

Puede ser la obra de Andrés Chazarreta o de Vittorio Monti -que Eudosia las toca de memoria prácticamente-, las que quedan a elección de las alumnas pero para hacerlas vencer el temor y convencerlas de que con práctica -mucha práctica- todo se puede lograr, la profesora tiene un método infalible. Se sienta al piano y las toca con toda maestría. Y así en cada clase, las obras de Federico Bach, de Amadeo Mozart o de Louis Van Beethoven o de tantos compositores argentinos se hacen presentes en todo su esplendor.

Eudosia se sienta al lado de cada alumna y de a poquito avanza en la partitura sin dejar detalle por leer y por transmitir. Tiene tanta bibliografía musical, muchas ya de hojas amarillas, que cada una forma parte de un bibliorato y cada bibliorato de una colección dependiendo si son obras clásicas, del folclore nacional, música ciudadana, valses, partituras o dos o cuatro manos, etc etc. Y cada una representa para ella un momento de su prolífica vida de pianista y docente.

"¿Sabe cómo lo conocí a Amadeo?, en el Club Social YPF, yo era profesora y él bailaba en el balet folclórico", dice con una sonrisa amplia y así se entiende cómo es que después de tantos años siguen tan unidos, tan compenetrados Eudosia y ese hombre que se llama precisamente Amadeo, como un juego del destino.

Amadeo tiene, además de sus plantas, otra pasión: fabrica bombos artesanales de todos los tamaños. Sentado en la galería, acicala por horas cada instrumento de percusión antes de sacarlo a la venta, con una paz en sus gestos y en su mirada que un poco contrastan con esa personalidad más bien avasalladora de su esposa.

Hija de padre y madre de origen griego -Karanicolas y Salustros-, y descendientes de aquellas familias que a comienzos del siglo pasado llegaron para poblar el norte, Eudosia estudió piano desde que era una nena junto a su hermana gemela Constantina, en la localidad de Embarcación, tierra de muchos de los inmigrantes de ese origen. A los 18 años ambas chicas eran eximias pianistas y sus padres las mandaron a estudiar para maestras normales en la ciudad de Salta,en el Colegio del Huerto.

En el año 1958 llegó de regreso ya recibida de maestra normal y, por supuesto, de profesora de música a Vespucio, cuando cumplía los 18 años.

Qué maravilla debió ser ver a esas dos niñas, jóvenes años más tarde, tocando alguna pieza musical a 4 manos y dando esos conciertos, una costumbre que se fue perdiendo con los años. Por 18 años enseñó música en la escuela de Vespucio ad honorem, además de trabajar como maestra de grado hasta que se jubiló.

Como no podía ser de otra manera, Eudosia le enseñó el arte a sus cinco hijos , uno de ellos terapeuta musical, otra una reconocida docente de la capital de la provincia y César el menor de sus hijos, también un músico, cantante y pianista.

De sus hijos, sus nietos aprendieron el arte y así Eudosia sigue dejando detrás de sí su huella imborrable y es que como ella lo reconoce "cuando yo enseño música o me siento al piano, las horas no pasan, el tiempo se detiene; a mi me encanta lo que hago y quiero hacer esto todos los años que me queden por vivir porque mi familia y la música son mi vida".

 

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